Michel Rolland – El Flying Winemaker

El francés Michel Rolland es el enólogo consultor más importante del mundo. Él inauguró un título que luego adoptaron muchos otros: flying winemaker, en alusión a que su trabajo consiste en elaborar vinos en distintas zonas vitivinícolas del planeta. Un winemaker que eligió la Argentina y, en especial, el Malbec.

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Michel Rolland no es solo el más famoso enólogo consultor de la industria vitivinícola mundial, sino también un gran emprendedor que elige solo ciertas regiones privilegiadas con gran aptitud para la elaboración de vinos de calidad.

El flying winemaker por antonomasia, nacido en 1947 en la región de Pomerol (Burdeos, Francia), asesora a más de cien bodegas prestigiosas en más de una docena de países.

 

Para Rolland, su trabajo constituye un tiempo marcado por diferentes eventos, culturas, latitudes y climas: “Tuve que aprender inglés y español para poder comunicarme con la gente. Mi horario es bastante complicado, pero es enteramente al servicio del vino, que es mi pasión, a un punto en el que nunca me atreví a imaginar”, cuenta con una sonrisa.
A la Argentina llegó hacia fines de los 80 y se enamoró no solo de los terruños y los paisajes, sino también del Malbec: “Desde el principio confié en el Malbec. Ya se perfilaba como la gran estrella de la Argentina; ni los propios enólogos sabían qué tenían entre manos. De hecho, todos estaban arrancando Malbec y plantando Cabernet Sauvignon”.

 

Así fue que el Malbec le permitió soñar con el Clos de los Siete, un proyecto único e imponente que alberga a varias bodegas de primera línea. Este campo modelo, de 800 hectáreas de viñas, podría haber sido plantado en cualquier país vitivinícola, pero fue al pie de los Andes el lugar que eligió Rolland. Divertido, verborrágico, ocurrente y muy inteligente, Michel Rolland habla con autoridad…

 

  • ¿Cómo definiría sus vinos y con qué se pueden encontrar los consumidores al descorchar una botella elaborada por usted?

 

Yo trabajo en la Argentina hace más de 30 años, pero empecé la producción de mis propios vinos con nuestros socios en 2002, en plena crisis. Para analizar mis vinos, hay que entender una cosa: el mercado argentino es importante, pero tiene marcas fuertes predominantes y métodos de distribución históricamente especiales (con gratuidades, derecho de entrada, etcétera).

 

No queríamos funcionar así con los volúmenes producidos por Clos de los Siete, que bien podemos vender en el mercado externo. Para nosotros, un precio es un precio y no volvemos para atrás. Esperemos que la imagen y la reputación de mis vinos, con una buena relación calidad-precio a nivel internacional, sean apreciadas en la Argentina poco a poco.

 

Además, creemos que el mercado es mucho más sano así. Todas nuestras marcas son jóvenes, pero hacemos todo lo que podemos para que día a día sean más conocidas.

 

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  • ¿En qué países trabaja y asesora, y en cuántas bodegas?

Trabajo en Francia, Italia, España, Portugal, Bulgaria, Grecia, India, Sudáfrica, Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos y Canadá, lo que me permite visitar alrededor de cien bodegas por año.

 

 

 

  • ¿Por qué con la trascendencia que usted tiene en el mundo le interesa tanto trabajar en la Argentina?

 

Me gusta el país, desde su cultura hasta sus paisajes, y he invertido mucho aquí, no solo en lo que se refiere al dinero, sino también tiempo y sueños. Buenos Aires me encanta como ciudad… Me gustan los argentinos (¡casi todos!); me gusta el Malbec. Todos estos me parecen muy buenos argumentos.

 

Además, te agrego que cuando empecé a trabajar afuera, me fui a Estados Unidos, un lugar donde la gente se focaliza mucho en el trabajo bien hecho. Bueno, al revés lo encontré en la Argentina (se ríe). Pero esa manera de vivir que tienen aquí me sedujo, me enamoró.

 

  • ¿Qué le gusta hacer en su tiempo de ocio en nuestro país?

 

Me gusta viajar, conocer nuevos lugares, jugar al golf, cazar… Aunque también me apasiona mucho quedarme mirando la Cordillera; es un espectáculo increíble, pocas veces visto. O también podría decirte que no hay nada mejor que meditar

en silencio frente a los colores y la luz de Yacochuya, en el corazón de Cafayate, en Salta… Allí, en medio de esa naturaleza arrolladora, reina una paz muy especial.

 

  • ¿Cómo ve la actualidad de la vitivinicultura argentina dentro del contexto internacional?

 

Pienso que la vitivinicultura argentina está bien, dentro del marco de una situación internacional difícil. Así y todo, el Malbec se vende bien (es el vino argentino más comercializado en los Estados Unidos, por ejemplo) y es cada vez más apreciado por los consumidores en cada rincón del mundo.

 

Por ello, es muy importante preservar los criterios de calidad en su elaboración, la búsqueda permanente de nuevos terruños para que se pueda expresar con propiedad y los rasgos de personalidad que ha adquirido porque han sido la clave de su verdadero éxito.

 

  • ¿Cuál es la cepa de la Argentina, más allá del Malbec, que tiene más potencial para triunfar en el mundo?

 

Todas las cepas pueden competir con las producciones de los otros países; el tema es que siempre serán… ¡competencia!

 

El Malbec argentino es, en la actualidad y desde hace unas décadas, la referencia de la vitivinicultura del país, no solamente a nivel local, sino también en los principales mercados consumidores del mundo; un vino que gusta mucho. Por lo

tanto, las otras variedades tienen la presión de competir, a excepción del Torrontés, claro está, un blanco que tiene mucha originalidad, identidad propia y se expresa muy bien, especialmente en el noroeste.

 

  • Más allá de los vinos argentinos, ¿qué otro le gusta?

 

Me gusta mucho el vino y todas las expresiones de una variedad, o bien la magia de un buen corte. Soy un epicúreo y me gusta especialmente la convivencia; también por eso me gustan la Argentina y su cultura. Pero nací en Pomerol y un gran Merlot me emociona de la misma manera; así como algún vino muy Viejo que haya cruzado el tiempo o bien alguno simple compartido un día en mi casa y con mi familia.

 

  • La mayoría de los enólogos coinciden en decir que el mejor de sus vinos es el próximo que elaborará, ¿cuál es su opinión al respecto?

 

Yo creo que soy una de las primeras personas que afirmó esto. Nuestro objetivo es siempre mejorar y esperamos siempre que el próximo año sea mejor gracias a lo que aprendimos de los anteriores. La base de todo es el trabajo, es lo más importante porque sin trabajo a conciencia no se puede lograr ningún objetivo.

 

Eso es lo que hago todos los días. También, obviamente, un enólogo debe ser curioso, con cierto grado de obsesión en busca de elaborar el major vino. Esta pasión nos permite descubrir siempre cosas nuevas y eso es sumamente motivador.

 

El Malbec argentino es, en la actualidad y desde hace unas décadas, la referencia de la vitivinicultura del país, no solamente a nivel local, sino también en los principales mercados consumidores del mundo; un vino que gusta mucho…

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Por Fernando Piciana
Fotos Archivo FP

 

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