Descorche. De casa al Restaurante

Nuestro país comienza tímidamente a adaptarse a una práctica que ya es tendencia en las principales capitales del mundo: el descorche, que consiste en llevar el vino al restaurante en el que se va a comer.

 


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Comer y beber es uno de los lujos que podemos darnos a diario en casa, pero cuando vamos a un restaurante y nos atienden y podemos elegir qué y con qué, el placer es mayor. No obstante, eso se ve muy condicionado por la coyuntura ya que el precio de un vino pasó a ser la variable más importante para los consumidores, cuando en realidad debería ser su significado.

 

Es decir, el vino se debería poder elegir en función del estilo, de la calidad, de quién lo hizo, de dónde o cuándo se elaboró, del momento y, obvio, de la compañía. Hay muchas cuestiones antes que el precio que son importantes. Pero en nuestro país, para la mayoría, los vinos cuestan, no valen.

 

En este contexto, las ofertas y las oportunidades mandan. Y, como es lógico, cuando uno va a un restó o a un wine bar, los precios son más altos que los de la vinoteca ya que incluye el servicio. Pero existe un antídoto para este sufrimiento, aunque muy reconfortante: el descorche.

 

Esta práctica es común en las principales ciudades del mundo porque valoran más la atención al cliente que la facturación. Buenos Aires es una gran ciudad y nuestro país es uno de los cinco protagonistas más importantes del mundo del vino; por lo tanto, el descorche debería ser moneda corriente. Sin embargo, se ve más como un atentado al negocio por parte del gastronómico que como una ventaja.

 

Por suerte hay excepciones, lugares que entienden que llevar esa botella especial puede marcar la relación cliente-lugar para siempre porque son muchos los que viajan y traen etiquetas, o los que reciben vinos importantes de regalo, o los que suelen comprar para guardar.

 

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Botellas especiales con significado para su propietario hay muchas y qué mejor que poder llevarlas a un restaurante o wine bar para compartirlas con amigos. Llegás, entregás la botella y te dedicás solo a disfrutar con los tuyos de un momento que, dependiendo del vino, seguramente pasará a ser inolvidable. Y al finalizar la comida o el encuentro, cada cual a su casa. Es decir que es un servicio fundamental si se busca fomentar la cultura y el consumo de vino.

 

Permitir llevar su propio vino, descorcharlo y servirlo a temperatura ideal y en copas adecuadas no hace más que potenciar el momento. Y, si el lugar y la comida están acordes a la situación, el comensal no dudará en adoptarlo y recomendarlo a sus amigos.

 

En Buenos Aires son más de los que parecen, lo que falta es comunicarlo mejor. Es cierto que de alguna forma el lugar se pierde de facturar, pero de la manera tradicional también porque lo que está sucediendo es que el comensal sabe más o menos cuánto va a gastar por ir a comer a tal o cual restó (todos los sitios de reserva dan una guía estimada del costo por cubierto).

Y en general, con la carta de vinos en la mano, llega el momento de regular el gasto. Es decir que en lugar de disfrutar más del momento, debe reprimirse. Y así los vinos que descorcha en su casa para beber suelen ser mucho mejores que los que pide en un restaurante o wine bar.

Por lo tanto, quizás el descorche pueda ayudar a facturar más porque una vez que el vino genera ambiente, las ganas de seguir con el encuentro se multiplican. Poco a poco van apareciendo más lugares wine friendly. Uno de ellos es Trova, el mejor wine bar de Palermo Hollywood, ubicado en la esquina de Honduras y Ravignani. Allí, el vino es protagonista, y aunque abundan etiquetas originales y poco conocidas, permiten y promueven el descorche.

 

Un clásico de Villa Crespo, donde el propietario te recibe contento con tu botella de vino, es Salgado, en la esquina de Velazco y Aráoz. Allí, llevar un buen tinto para disfrutar de las pastas, es una fija. Unik, aunque es bien moderno, ya se ha transformado en un clásico. La cocina de autor se luce con productos que delatan su origen en la carta. Llevar un buen vino allí puede ser una experiencia única.

 

Y aunque los asados con vinos deben estar al tope del ranking de cada uno, ir a La Cabrera Norte a disfrutar del show que allí hacen con las carnes grilladas y llevarse el vino es insuperable, sobre todo para los mejores asadores argentinos.

 

Per Se es otra buena opción: una de las mejores novedades gastronómicas de Buenos Aires. Atendido por su dueño, Emiliano, el ambiente es moderno y la atención, impecable. Ideal para lucirte con algún vino elegante de tu cava, quizás un Pinot Noir con alguna de las opciones de pescado en un plan de cena romántica.

Por Fabricio Portelli
Fotos Archivo FP

 

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