En busca del próximo gran vino argentino

Hasta no hace mucho tiempo, el Cabernet Sauvignon supo ser protagonista indiscutido de los grandes vinos argentinos. Su extenso currículum y su prestigio lo habilitan para volver a recuperar su trono en nuestro país y ser el próximo vino que nos represente.

Durante muchos años, los mejores vinos argentinos, como los de casi todos los países vitivinícolas, estuvieron concebidos a partir de Cabernet Sauvignon, sin importar que fueran varietales o blends. Las razones eran varias. En primer lugar, es un cepaje que se adapta con mucha facilidad a diversos terruños, principal razón por la cual está tan difundido y es considerado el rey de los tintos. Pero también por sus atributos enológicos ya que, por sus características, es uno de los que mejor evolucionan con la estiba, además de llevarse muy bien con el roble.

Pero luego llegó el aluvión Malbec, muy oportuno por cierto, y sedujo a los principales mercados con su calidad y sus precios atinados. Pero se sabe que esto no durará eternamente.

Cuando me pongo a pensar en el potencial del Malbec local me es más fácil imaginarme el techo que cuando pienso en el mejor vino argentino. ¿Qué quiero decir con esto? Que el Malbec es un vino entregador, que lo dice todo, que no se guarda nada y que, por eso, y por más fruta, frescura y elegancia que ofrezca, no es imaginable que llegue a compararse con el gran rey. Obviamente, estoy hablando de sutilezas, ya sean de armonía, de sabores, de profundidad, de permanencia en boca…

La calidad puede ser inobjetable y el vino muy prolijo, pero la diferencia la dan los pequeños detalles que al final se transforman en los grandes responsables que inclinan las decisiones de compra. Y es aquí donde el Cabernet tiene una gran oportunidad.

El sabio bon vivant Miguel Brascó tiene una teoría del porqué los  argentinos le apostamos al Malbec: él dice que los líderes de opinión estadounidenses y europeos nos distrajeron durante todos estos años para que nos entretuviéramos con nuestro cepaje estrella, y así no fuéramos una competencia seria en Cabernet Sauvignon. Si a esto le sumamos que varios de los mejores vinos argentinos son mayoría Cabernet Sauvignon, la cosa empieza a cerrar.

Claro que muchos poseen Malbec en sus mezclas, pero quizás más por ser nuestro diferencial, y por ende lograr vinos más vendibles, que por cuestiones técnicas. Pero me pregunto seriamente: si logramos lo que logramos con el Malbec, por qué no podemos hacer lo mismo con el Cabernet, o más aún: qué hubiera sido de nuestro Cabernet si todos estos años no lo hubiéramos dejado marginado. Si hay viñedos añosos en Agrelo, si los que están saliendo del Alto Valle de Uco prometen mucho, si los de Cafayate son históricos… ¿no habrá llegado la hora de confiar en nuestro terruño y en nuestras propias condiciones para elaborar vinos con el gran rey de los cepajes?

¿Acaso los Estados Unidos no hicieron eso? Le fueron a  competir a Francia de igual a igual, con el Chardonnay y con el Cabernet Sauvignon, y miren cómo les fue y cómo les va.

En el mundo nadie está hablando del Zinfandel (salvo los consumidores estadounidenses). Creo que al Malbec le puede llegar a pasar lo mismo en unos cuantos años, con lo cual, hay que actuar hoy. Muchos ya lo hacen y hoy se pueden degustar ricos y complejos Cabernet Sauvignon locales, con excelente potencial de guarda.

El que lleva la delantera sigue siendo Nicolás Catena, quien desde hace años está obsesionado con esta variedad. Y si bien paralelamente supo desarrollar el Malbec, sus Chardonnay y sus Cabernet Sauvignon son un claro ejemplo de lo que se puede llegar a lograr. Tanto el Estiba Reservada como el Nicolás Catena Zapata poseen un porcentaje secreto, pero importante, de Cabernet Sauvignon. Nunca se sabrá si predomina sobre el Malbec, pero lo que sí queda claro es que marca el rumbo y no cesa en la búsqueda del mejor Cabernet Sauvignon nacional. Aunque considera que estamos aún lejos del nivel de los de Napa Valley y un poco más de los de Bordeaux, sigue convencido y obsesionado.

La Argentina ya está preparada para comprobar sus mejores aptitudes, pero ahora de igual a igual y no con un cepaje con el cual no se pueda trazar un paralelismo concreto. Porque el Malbec local es el mejor del mundo… pero contra cuáles, si no existen producciones comerciales relevantes en otro rincón del planeta. Entonces, me pregunto sobre nuestro gran vino que viene: ¿será el Cabernet Sauvignon?

 

Por Fabricio Portelli

Fotos del Archivo Simposium

 

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