Placeres terrenales

El hábito que tenían nuestros ancestros de beber un trago antes de la comida para estimular el apetito y tomarse esos minutos para compartir con la familia las novedades del día se ha convertido en una tendencia imparable en los últimos tiempos. Tragos, aperitivos y cócteles se imponen casi como un ritual sagrado, tanto en la previa como para los momentos de relax. Armar una barra en casa para agasajar a los afectos ya no es un imposible.

 

El vodka es un excelente aliado de los más variados cócteles, en los que aporta sabor, textura y ese toque de alcohol

Uno empieza cada comida tiempo antes de sentarse a la mesa. Todavía en el trabajo, aún corriendo entre ocupaciones de rutina o viajando a casa, las imágenes que dibuja el deseo van inundándonos por dentro. Una sensación voluptuosa e intensa. Pero hay que detenerse y disfrutar de la previa, descansar en el living, seguir imaginando el plato y, ya más cerca del momento, sentir sus aromas y por fin deleitarse con sus sabores.

En este tiempo, los aperitivos y los cócteles fueron apareciendo como la llave para cerrar la puerta del día que queda atrás y abrir las sensaciones para la comida que vamos a disfrutar.

De raigambre europea, llegada a nuestro país con la gran inmigración del siglo XX, la cultura del aperitivo se fue expandiendo y se mantiene viva hasta nuestros días gracias al boom de las nuevas tendencias gastronómicas.

Desde fórmulas sencillas, guiadas por la máxima de que “menos es más”, estos tragos combinan bebidas nobles que construyen el estado ideal de nuestro cuerpo y mente para la llegada de los alimentos. Perfectos para acompañar tapas, pinchos, quesos, snacks, brusquetas, algún tapenade; aquellos finger food que deseemos para ir ilustrando nuestro apetito que crece y se define a cada sorbo.

Lejos de su lugar oscuro en muebles cerrados, hoy las botellas de estas bebidas son protagonistas en las casas de quienes se deleitan recibiendo a amigos, amores y afectos.

 

Para la hora señalada

Como alguna vez sentenció Coco Chanel, “el verdadero glamour sólo nace de la sencillez”. Y aunque el elegante corte de sus trajes es la materialización perfecta de la frase, escapando del mundo de la moda, también es posible encontrar otros ejemplos, tal el caso de los aperitivos.

Muchos suponen que son una invención aparecida hace no más de un par de décadas en algún bar fashion de Nueva York. Pero la realidad es otra: lo que en la actualidad se entiende como coctelería no es más que la evolución del genuino “Cinzano con soda”.

Como su nombre lo indica, la función de los aperitivos es abrir el apetito y permitir el necesario relax para disfrutar a gusto de la comida.

Ya sean bitters (aquellos que tienen alcohol neutro de cereales o frutas) o vermouths (los que poseen vino con el agregado de alcohol neutro para aumentar su graduación alcohólica), la característica principal es su aromatización y saborización mediante diferentes componentes vegetales: flores, raíces, cortezas, especias, bayas y frutas.

Estos ingredientes se comenzaron a adoptar en la antigüedad para mejorar los gustos desagradables que tenían las bebidas debido a las malas condiciones de elaboración de la época.

Los egipcios, por ejemplo, solían darles sabor a sus vinos con una mezcla de miel e incienso, mientras que los griegos lo hacían con resina de pino. Otro caso paradigmático se dio en la Jerusalén de los tiempos bíblicos y en la Roma imperial, donde este tipo de preparado se utilizaba para restablecer desórdenes estomacales.

Los vermouths y los bitters son la base de la mayoría de los aperitivos (tragos que abren el apetito) más clásicos y tradicionales. Imprescindibles en cualquier barra hogareña

De hecho, estas propiedades curativas se mantienen hasta nuestros días y son muchos los que toman un bitter como digestivo antes o después de una comida. Entrada la Edad Media, los monjes comenzaron a especializarse en este tipo de elixires. Con el tiempo, la composición de esas bebidas a base de hierbas fue cambiando, hasta que el norte de Europa se constituyó en el centro de su producción gracias a una práctica revolucionaria: la destilación. Con ella comenzó a expandirse la costumbre de mezclar los fuertes alcoholes con sustancias aromáticas vegetales para hacerlos más fáciles de beber.

No obstante, tuvieron que pasar muchos años para que el consumo traspasara el uso puramente medicinal. Fue precisamente en la Holanda de la Edad Moderna, con la abundancia de especias traídas de las colonias, donde se elaboraron los primeros bitters pensados para beber en cualquier ocasión. Pero fue recién en 1867 cuando Gaspare Campari creó su famoso aperitivo al que denominó bitter all’uso d’Hollanda, más tarde bautizado con el apellido del inventor.

Los vermouths, por su parte, tuvieron su origen entrado el siglo XVIII en las regiones vitivinícolas de la Europa mediterránea, con la ciudad de Torino, al norte de Italia, como centro. Su nombre proviene del término alemán wermut, que en español significa ajenjo, uno de los ingredientes que solían usarse en su composición.

 

Sensaciones mezcladas

Un cóctel es un trago compuesto, perono todo trago compuesto es un cóctel. Usualmente, contiene uno o más tipos de licores y saborizantes, y uno o más tipos de jugos de frutas o salsas, por ejemplo. El cóctel, en sí mismo, ganó popularidad durante la Ley Seca estadounidense, que prohibió la fabricación, consumo, elaboración, transporte, importación, exportación y venta de alcohol en todo el territorio, entre 1920 y 1933.

La gran diversidad de licores, provenientes de distintos rincones del mundo, ofrece a los aficionados una completa paleta de aromas y sabores a la hora de elaborar un trago

El arte de mezclar se hizo más importante por el hecho de tener que enmascarar el mal sabor que tenían las bebidas debido a las dificultades originadas por su elaboración clandestina. Las moonshine distilleries funcionaban en las noches, a espaldas de la ley.  También la importación ilegal de alcoholes a través de las fronteras, tanto con Canadá como con los países del Caribe o México, se hizo moneda corriente. Y la mala calidad se tolera o se enmascara. Los bartenders de los speakeasy (bares clandestinos) solían mezclarlos con otros ingredientes, ya fueran alcohólicos o no, para mejorar su sabor. Muchos de estos tragos ni siquiera se servían en la vajilla adecuada, sino entazas de café o té.

Después de la prohibición, las habilidades adquiridas en los bares ilegales se divulgaron y así comenzó la era dorada del cóctel, los años 30.

Antes de 1970, los cócteles utilizaban casi siempre como bebida base el gin, el whisky, el ron y el vodka, pero con el correr del tiempo se fueron incorporando muchos otros destilados y licores. Las mezclas en la coctelería son infinitas y muy sencillas. Y es esa simpleza en la preparación la que facilita preparar un rico trago en la comodidad del hogar.

 

Kit básico de accesorios

La mayoría de los utensilios que siempre deben estar a mano en la barra son de uso cotidiano y algunos otros son más específicos. Para ser un auténtico bartender-made-in-casa es necesario contar con un sacacorchos, una coctelera de acero inoxidable, un cuchillo (para cortar frutas, por ejemplo), una cuchara de mango largo (para mezclar sin usar la coctelera), un colador de metal, un vaso medidor o un dosificador, una licuadora, una pinza para hielo y una hielera. Además, es fundamental servir cada mix en su correspondiente vaso. Por lo tanto, es importante tener vasos de trago largo y old fashioned más algunas copas cocktail y flauta para espumante.

 

Infaltables para la barra propia.

Cada bar íntimo y privado debe comenzar a construirse con diferentes bebidas indispensables que serán la base para poner la imaginación a volar y sorprender a los comensales como si fuéramos un bartender profesional.

 

Vermouth y bitter:

Son la base de los aperitivos más clásicos y tradicionales. Entre los más populares encontramos los vermouth rosso, dry y tipo america no (Campari, Martini, Gancia y Cinzano), el Fernet (Branca y 1882), la Hesperidina y el Bitter Angostura o el Luxardo. Sólo mezclados con alguna bebida gaseosa, con jugo de limón o con soda, ya constituyen un excelente prólogo de la mesa.

 

Vodka:

Destilado de sutil sabor, sinónimo de pureza y  refinamiento, que es un excelente ingrediente para cócteles como el Sex on the Beach, el Cosmopolitan o el Bloody Mary. En la actualidad, existen versiones saborizadas y aromatizadas (como toda la línea de Absolut o las propuestas de Smirnoff o de Grey Goose).

 

Gin:

Un must de toda barra. A principios del siglo pasado, era prácticamente considerado un medicamento y hoy se convirtió en el favorito para preparar desde un Gin Tonic o un Negroni hasta un Alexander o un Tom Collins. Entre las marcas ícono se puede optar por Beefeater, Tanqueray o Bombay Sapphire.

 

Ron:

La bebida emblemática del Caribe desde el siglo XVI, cuando la caña de azúcar fue llevada por los españoles a sus dominios en la Indias Americanas. Es la base de dos de los tragos más populares y seductores: el Daiquiri y el Mojito. Bacardi en todas sus versiones, Malibu o Havanna  Club son los más indicados.

 

Whisky:

La espirituosa por excelencia que sola, con algunos cubos de hielo o gotas de agua, es toda sofisticación. Su participación en las mezclas  aporta un toque de alcohol y esos aromas vibrantes tan característicos. Blends escoceses (Johnnie Walker Red Label, J&B, Chivas, Ballantine’s y The Glenlivet), irlandeses (Jameson) o estadounidenses (Jack Daniel’s) son muy buenas alternativas.

 

Licores:

Aromáticos, de sabor dulce y elevada graduación alcohólica (varía entre los 27º y los 55º dependiendo del método de elaboración, las materias primas y, principalmente, del productor). Los hay bien cremosos (Baileys, Amarula, Kahlua o Gabriel Boudier Cassis), más del tipo anisados (Sambuca Isobella o Luxardo), con dejos a frutas (Cointreau o Grand Marnier) y un largo etcétera. Algunas deestas botellas estimulan la creatividad en el momento de conseguir textura, potencia o, simplemente, un sabor particular en un cóctel.

 

El fascinante mundo de la coctelería lleva implícita la libertad de acción, de inventar, de mezclar y, sobre todo, fomenta un ambiente propicio no sólo para abrir el apetito, sino también para  compartir… que no es poco.

 

Por Liz Valotta

Fotos de Soledad Allami

 

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