Pinot Noir: la elegancia hecha vino

Es increíble cómo el efecto de una película de Hollywood despertó la sed de este varietal en el mundo entero y obligó a los países productores a elaborarlo. Hasta hace poco eran contadas las etiquetas disponibles en el mercado, mientras que hoy las alternativas se multiplican y ganan en calidad.

 

El Pinot Noir fue, es y siempre será muy especial porque forma parte de la estructura del vino más famoso del mundo, el champagne, y, por ende, de los mejores espumantes de aquí y de allá. Sin embargo, este noble cepaje no llega a demostrar todo lo que puede entre las burbujas, como sí lo hace como varietal.

Tan caprichosa para los viticultores como fascinante para los consumidores, es la variedad que da vida a los grandes tintos de la borgoña francesa, entre los cuales se encuentra la etiqueta más buscada y una de las más caras del mundo: Romanée-Conti, una pequeñísima apelación de origen de un solo propietario que hace un 100% Pinot óptimo, cuyo precio suele ser realmente inalcanzable para la mayoría de los mortales. Por suerte, existen muchos otros ejemplares más accesibles que también contribuyeron a que la región trascendiera sus fronteras.

Tiene una larga historia, los archivos borgoñones la remontan al siglo XIV, pero la tradición la lleva incluso hasta la Galia romana. Esta antigüedad va acompañada de cierta inestabilidad genética, que ha estado en el origen de numerosas mutaciones y de una gran sensibilidad a las enfermedades.

Si bien es cierto que entre tantas vides traídas por los inmigrantes a los distintos países del Nuevo Mundo había algunas estacas (clones) de Pinot Noir, sus exigencias vitivinícolas hicieron que no fuera de las más elegidas por los enólogos a la hora de pensar sus vinos.

Su reproducción es muy complicada ya que se trata de una variedad que no sólo requiere de suelos franco-arenosos a francolimosos para desarrollar todo su potencial, sino que también sufre mucho el efecto del calor y, en general, sus azúcares evolucionan rápidamente durante la madurez. Estas características determinan la necesidad de un manejo minucioso y muy cuidado de los viñedos y de lograr producciones acotadas.

En Estados Unidos ha logrado adaptarse muy bien en el estado de Oregon, al norte de California; también, en el sur de la Isla Norte de Nueva Zelanda, en varias regiones de Chile y en las zonas menos cálidas de la Argentina. Esto se debe a que el Pinot Noir necesita de un clima frío que modere su corto período de maduración, razón por la cual desde siempre se destacaron a nivel local los exponentes de la Patagonia y de algún que otro valle mendocino.

Estas dificultades hicieron que en nuestro país hasta entrado el nuevo siglo sólo hubiera unos pocos ejemplares destacados, tales los casos del Primus de Salentein, que ya va por su undécima cosecha, y del Marcus Gran Reserva de Humberto Canale, un gran pionero en tierras rionegrinas. También es real que entre estas etiquetas y la avalancha actual hubo algunos otros que la vieron venir y que por eso hoy están muy bien posicionados, como Rutini o Luigi Bosca, por citar dos bodegas que se hanpreocupado con dedicación a este cepaje, más allá de las modas.

Pero luego, entre octubre de 2004 y marzo de 2005, llegó la película Sideways (Entre copas), impulsada por los bodegueros californianos de Pinot Noir que estaban cansados de no poder torcerle el brazo a los de Merlot, ya que por aquel entonces los “merloteros” abundaban en Estados Unidos. Y fue a raíz del éxito del film que de todos los rincones del planeta comenzaron a demandar cada vez más vinos elaborados sólo con este cepaje. Y como la Argentina es el quinto productor mundial, los pedidos no tardaron en llegar.

 

La avanzada nacional

Al Alto Valle del Río Negro y los diversos microclimas mendocinos, sobre todo los que se encuentran en las alturas del Valle de Uco o en ciertas fincas de Maipú y Luján de Cuyo, se les sumó un nuevo terruño ya, en aquel entonces, con una producción consolidada con más de cinco vendimias: San Patricio del Chañar en Neuquén.

Julio Viola, de Bodega Del Fin del Mundo, fue uno de los impulsores en proponer con hechos que de la Patagonia podían salir los mejores Pinot Noir patrios. Es por eso que, actualmente, es el mayor propietario de vides de esta variedad con destino a vinos tintos (Chandon posee más hectáreas plantadas, pero las destina a sus espumantes). Su ícono, en este sentido, es el Reserva Del Fin del Mundo, bien representativo de las intenciones de este joven oasis, con aromas delicados y sobrada sedosidad.

El boom hizo posible que apareciera una oferta de Pinot Noir bien variada y nutrida. Y aunque aún no se ha logrado una identidad marcadamente argentina, se puede decir que la gran mayoría de los vinos se los reconoce por los rasgos de su tipicidad varietal.

Buenos ejemplos son el Séptima Noche de la bodega Séptima, con su color tan vivaz y rojizo que se parece más a un rosado profundo que a un tinto, pero con aromas muy fieles al cepaje y buen nervio y tensión en boca; o bien el Tomero Reserva de Vistalba, un tinto franco con cuerpo, textura y frescura.

Así, paso a paso, el Pinot Noir comienza a instalarse entre nuestras preferencias porque, al igual que el Malbec, tiene el poder de encantar a la primera copa por su expresión, pero con un plus: su textura sedosa y su paladar amablemente afrutado, refrescante y dócil; un vino que tiende a ser mucho más que una moda pasajera.

 

¿Cómo son los Pinot argentinos?

Son delicados y elegantes, con poca astringencia, y despiertan sensaciones refinadas y sutiles en boca. En su estado más simple, el Pinot Noir tiene un cuerpo ligero, una baja presencia de taninos y huele a frambuesas, cerezas frescas, moras, ciruelas y también a violetas. Su acidez es fresca y su textura es aterciopelada. En ocasiones contadas, se agrega a esa elegancia una tremenda complejidad aromática que recuerda a la canela y ciertas especias.

 

Entre Copas: apología desde el celuloide

En Entre Copas (Sideways), embriagadora e inteligente comedia que recibió cinco nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película, el director Alexander Payne propone una historia sobre los altibajos y las relaciones humanas que salpican la vida, todo matizado con botellas y botellas de Pinot Noir.

La trama gira alrededor de Miles (Paul Giamatti), un divorciado traumatizado con su experiencia sentimental, al que le gustaría ser novelista y que presenta una clara obsesión por la búsqueda del vino perfecto, y Jack (Thomas Haden Church), su viejo colega de la universidad y actor frustrado que está a punto de contraer matrimonio.

Como despedida de la soltería, los dos amigos se embarcan en un recorrido enoturístico a lo largo de la costa central de California para degustar todo lo que está a su paso. Pero el viaje va adquiriendo una nueva dimensión a medida que ambos viven nuevas experiencias por el camino. Por supuesto, la extraña pareja no tarda en ahogarse en vino, mujeres… y divertidos problemas.

Si no la vio, no lo dude: es una película imperdible (hoy ya se puede disfrutar en DVD) y la que provocó, en cierta forma, la moda de beber Pinot Noir.

 

Por Fernando Piciana

Fotos de Juan Velásquez María

 

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