Julio Viola: el nuevo rey de la Patagonia

El fundador del nuevo terruño San Patricio del Chañar vislumbra un futuro promisorio tras una década al mando de Bodega Del Fin del Mundo, el más grande de los establecimientos vitivinícolas patagónicos.

 

Julio Viola

Julio Viola fue el creador del más nuevo de los terruños argentinos: el neuquino San Patricio del Chañar. Y en esta primera década de vida no le ha ido nada mal.

Él fue quien diseñó y supervisó la plantación del campo, quien contrató a los agrónomos y a los técnicos y quien se encargó de conseguir los compradores de los distintos lotes para que se formara lo que en muy pocos años fue una nueva zona vitivinícola argentina.

Emprendedor, enérgico y empresario inquieto, comandó el crecimiento de la Bodega Del Fin del Mundo sin descanso. Poco tiempo atrás, amplió el espectro y el futuro de la empresa comenzando a trabajar junto al Grupo Eurnekian, con quienes espera expandir la producción y la venta de sus productos a todo el mundo.

Hoy, con un porvenir promisorio, Julio Viola continúa desde Neuquén al mando del inmenso barco que busca no sólo seducir a consumidores locales, sino también al vasto mercado externo que busca vinos de buena relación precio-calidad, genuinos y con elegancia, tal como son los blancos y tintos que nacen en la patagónica Bodega Del Fin del Mundo.

 

¿Cómo vislumbró que una zona como San Patricio del Chañar podía llegar a tener potencial vitivinícola?

Fue investigando si se podía desarrollar la fruticultura en la zona. Luego de un tiempo descubrimos que San Patricio del Chañar era ideal para el cultivo de la vid, más específicamente para el de alta calidad enológica.

Cuando empezamos con todo el proyecto, la idea original era hacer un monte de fruticultura tradicional del Alto Valle (manzanas, peras, frutas de carozo, etcétera); sin embargo, esta actividad estaba en crisis, al tiempo que la industria del vino comenzaba a reconvertirse con la adquisición de tecnología y reimplantando vides para elaborar exponentes de exportación. Ése fue el momento en que decidimos entrar al mundo del vino.

 

¿Cómo fue la experiencia de trazar el riego en una zona tan desértica?

Fue un trabajo arduo: tuvimos que construir un canal de 20 kilómetros de largo para traer el agua del río Neuquén para implementar un sistema de riego por goteo que, hasta el momento, es el más importante de este tipo en Sudamérica.

 

¿Cambió su vida desde el momento en el que decidió transformarse en bodeguero?

Sí, de forma radical, al igual que la de toda mi familia. El del vino es un mundo fascinante y, una vez dentro, te das cuenta de que todo gira en torno a él. Soy un emprendedor muy apasionado y desde que comencé con el proyecto estoy todo el tiempo pensando en lo mismo: el vino y la bodega.

 

¿Cómo era su relación con el vino antes de fundar BDFM?

La de un consumidor siempre ávido por conocer y degustar novedades, ya fueran etiquetas argentinas o del resto el mundo.

 

¿Cuáles son las ventajas de trabajar con la familia?

Son muchas… saber que cada uno de los integrantes está en algún área de la bodega defendiendo la filosofía de trabajo es una gran ventaja. Además, la vitivinicultura es una actividad que se presta para trabajar en familia. Por suerte, tengo una excelente relación con mis hijos y con mi yerno y mi nuera. Tal vez, la mayor desventaja sea que nos resulta muy difícil hacer un corte de los temas laborales fuera de la bodega e indefectiblemente cada vez que nos reunimos, en algún momento surge una conversación sobre nuevos proyectos, novedades o alguna cuestión candente. No obstante, en el balance general no tiene un peso relevante.

 

¿Adónde quisiera llegar con el vino?

Mis sueños no tienen límites.

 

¿Se imagina el terruño de San Patricio del Chañar dentro de 20 años?

Sí, totalmente, como una región establecida con una infraestructura muy desarrollada, no sólo en cuestiones vitivinícolas, sino también en materia de turismo y gastronomía.

 

¿Cómo es la experiencia de trabajar con el experimentado Michel Rolland?

Es jugar en primera. Michel es una figura internacional, un profesional excelente y, sobre todo, un amigo. Trabajar con él nos ha abierto muchas puertas en el mundo del vino y su labor en nuestra empresa ha sido crucial. Marcelo Miras, nuestro enólogo, es un gran profesional y con el asesoramiento de Michel se ha perfeccionado mucho en su trabajo, ha podido expandir sus horizontes y juntos han logrado resultados espectaculares.

 

 

¿Puede la Patagonia llegar a convertirse en una de las regiones productoras más importante del país?

En el futuro, sin dudas, será una de las más importantes. Hoy, en cantidad de bodegas, estamos muy lejos de Mendoza; sin embargo, la calidad de los vinos patagónicos está siendo cada día más reconocida.

 

¿Qué cambió en BDFM con la llegada del empresario Eduardo Eurnekian?

Es un grupo muy poderoso, pero también se trata de una familia, con Matías Gainza Eurnekian como su referente en la bodega. Su llegada ha significado para nosotros una apertura a nuevas posibilidades de crecimiento en todo sentido. Además, juntos potenciamos nuestra tendencia natural a buscar nuevos desafíos, ése ir más allá que tanto nos gusta a ambos.

 

¿Qué tienen los vinos patagónicos que los hacen diferentes a otros?

Tienen un “algo” que se lo da el lugar, el terruño… En nuestro caso, el viento constante, la aridez, el tipo de suelo, el agua del río Neuquén… Son muchos los factores que contribuyen a su carácter distintivo.

 

¿Cuál es el vino qué más le gusta de BDFM?

Me gustan todos, optar por uno me resulta muy difícil. Hay un vino para cada momento. Los FIN Single Vineyard que lanzamos el año pasado, por ejemplo, están entre mis predilectos frecuentes, pero cómo competir con el Special Blend. Este año en el Masters of Food and Wine fue elegido como el mejor vino de la Argentina; sommeliers de todo el mundo hablaron maravillas de él. Hace unos años soñar eso de un vino patagónico era casi una utopía.

 

¿Cómo ve el futuro del vino argentino?

La verdad es que veo un mañana muy prometedor, más en los ejemplares de alta gama. Si el plan estratégico sigue su curso y se trabaja en forma mancomunada promocionando el vino argentino en el exterior, incentivando el consumo en el mercado interno e integrando a pequeños productores en la cadena de forma que puedan reconvertirse para estar a la altura de las demandas, creo que nuestro país está muy bien posicionado para seguir creciendo.

 

Experiencia Del Fin del Mundo

Un gran espacio vidriado, muy moderno, deja ver su interior y tienta a ir por más. No se trata de un simple restaurante, es casi una vitrina. Para entrar hay que atravesar una galería con mesas. Una vez dentro lo esperan barricas para que no queden dudas del perfil del lugar. Paredes revestidas en piedras neuquinas que fueron colocadas una a una, pisos de lapacho, barra con una zona iluminada para degustaciones, chef patagónico de excepción (Pablo Buzzo), pantallas de proyección gigantes, cavas que contienen tesoros gourmet… Cada detalle fue pensado.

“Experiencia Del Fin del Mundo –afirma Julio Viola– es una parte de la bodega en pleno Buenos Aires (Honduras 5673). Quisimos hacer un lugar único en el cual todo girase en torno al vino y donde la gente pudiera entrar, conocer la bodega, disfrutar de una copa de vino, comer o asistir a una cata guiada por expertos. Tenemos etiquetas de gran calidad y creemos que la mejor forma de promocionarlas es dándolas a probar a los consumidores. ¿Y qué mejor que hacerlo en un lugar como Experiencia Del Fin del Mundo?”.

 

Por Salvador Arzak

Fotos del Archivo Simposium

 

[issuu layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Flight%2Flayout.xml showflipbtn=true autoflip=true autofliptime=6000 documentid=110502192526-8e779563a383413c970af223f11aa269 docname=ligier_06 username=VinotecaLigier loadinginfotext=Imagine%2006 showhtmllink=true tag=baci width=300 height=212 unit=px]