La gran fiesta nacional del vino argentino

Es la celebración más importante de nuestra vitivinicultura y el momento más esperado por los viñateros después de un año de arduo trabajo. Miles de mendocinos y turistas de todo el mundo participan de un sinfín de actividades culturales relacionadas con el vino.

 

Con cada comienzo de año, en Mendoza no sólo se calienta el ambiente, sino también los motores de la vitivinicultura local. Los aeropuertos empiezan a llenarse de acentos extranjeros (franceses, ingleses, portugueses y otros tantos), pero también comienzan a regresar los enólogos de sus vacaciones obligadas; por supuesto, antes de la expectativa mayor de su trabajo… la vendimia.

Todas las bodegas ajustan los últimos pormenores técnicos y los bodegueros comienzan a recibir con nervios a sus distribuidores nacionales e internacionales para que puedan presenciar, al menos durante algunos días, este enorme despliegue productivo que históricamente le dio identidad a la región.

Pero hay otro escenario, el de los barrios (Godoy Cruz, La Paz, Tunuyán, Malargüe, San Martín, Santa Rosa, Junín, Lavalle, Maipú, Luján de Cuyo, Tupungato, San Carlos, San Rafael, Alvear, Rivadavia, Las Heras, Guaymallén y, por supuesto, la ciudad de Mendoza), que encienden las noches de festivales regionales repletos de folklore y tonadas que impulsan desde cada organización barrial a las jóvenes más lindas para que se postulen al cetro más codiciado del país: el de la Reina Nacional de la Vendimia.

Esta fiesta nació hace siete décadas como emblema representativo de los distintos distritos productores de uva y fue cobrando fuerza con el tiempo por el enorme sentimiento que todos los mendocinos le ponen a esta celebración.

Los departamentos no sólo postulan a sus soberanas, sino que también agudizan el ingenio para construir las carrozas más ornamentadas y alegóricas que uno pueda imaginar. Todos corren por los municipios cortando telas, pintando carrozas, juntando donaciones… las reinas ensayan el protocolo y los nervios crecen minuto a minuto entre chicas que, en muchos casos, soñaron toda su vida con este momento.

Con encender el televisor o sintonizar las emisoras locales se comienza a percibir el espíritu festivo. Los medios, cada día, anuncian quién es la nueva reina de su departamento y los almuerzos o cenas de los mendocinos se transforman en grandes debates sobre si una u otra es la más linda, la más alta o quién merece o no ganar.

Para principios de febrero, los comercios de la ciudad toman partido en el asunto y ponen las fotos de sus candidatas en vidrieras de casas de ropa, electrodomésticos, carnicerías, kioscos o paradas de taxis.

Las celebraciones departamentales, previas a la Fiesta Nacional de la Vendimia, son como pequeños arroyos que alimentan finalmente un gran río. El calendario se inicia con la Fiesta Nacional del Chivo y el Cordero en Malargüe (localidad que tiene el premio Guinness en cantidad de chivos asados a la cruz), luego le siguen las fiestas vendimiales departamentales, la multitudinaria Rivadavia le canta al país, Feriagro en Luján de Cuyo, la Fiesta Nacional del Melón y la Sandía en Lavalle, el Festival del Camote (batata) y la Fiesta Nacional de la Tonada, un encuentro que convoca poco más del doble de personas que Cosquín en Córdoba. En todas ellas, se elige a las más bellas.

Para la tercera semana de febrero, la mayoría de los departamentos tiene renovados sus reinados. Por las mañanas, grupos de chicas vestidas como princesas medievales pasean, saludan a todos los que se les cruzan y entregan folletos descriptivos con las bondades de su departamento. Pero no sólo está la ganadora de su jurisdicción, sino también el resto de las concursantes, lo que da un marco muy colorido y pintoresco a las calles. Mientras tanto, cientos de técnicos, carpinteros, iluminadores, sonidistas, electricistas y más de 600 artistas de diferente índole se concentran el anfiteatro Franc Romero Day –ubicado dentro del Parque General San Martín– y realizan los ensayos y ajustes necesarios para que todo salga impecable.

En las bodegas ya ingresaron las uvas que son la base para espumantes y algunos cepajes blancos. Los viñateros están en plena tarea y los turnos dentro de cada establecimiento son rotativos para estar las 24 horas trabajando.

El hotel Park Hyatt Mendoza coordina una serenata para las reinas en sus terrazas y la gente se agolpa a borbotones para poder espiar este homenaje.

En el aeropuerto de Mendoza, el Fondo Vitivinícola organiza la Fiesta de la Cosecha, un espectáculo musical y social en el cual los principales actores del quehacer local se dan cita para recolectar simbólicamente algunos racimos junto a las reinas de todas las fiestas anteriores (algunas de ellas ya son bisabuelas) y las nuevas postulantes.

Cerca de la ciudad está emplazado el santuario de la Virgen de la Carrodilla, en el distrito homónimo, patrona de todos los vendimiadores, que año tras año peregrinan en distintos días y horarios a dar sus ofrendas y plegarias para que el tan temido granizo no arruine sus cosechas. Es una ceremonia que eriza de emoción la piel de los fieles cuando la ven pasar en procesión.

Para este entonces, ya es muy difícil conseguir reservaciones en los hoteles, no hay disponibilidad de autos de alquiler, los restaurantes sugieren reservas para las cenas y las bodegas hacen lo mismo para las visitas guiadas por sus instalaciones. La adrenalina crece minuto a minuto y, por supuesto, ya están agotadas las entradas para la fiesta mayor.

 

Y entonces llega el momento

Todo se inicia con el día de “la vía Blanca”, un desfile nocturno de carrozas que comienza a las 20 horas por las calles del centro de la ciudad de Mendoza y que congrega a una innumerable cantidad de público local y a turistas.

Cada carroza representa a su departamento y está decorada con los símbolos de su producción; la reina y sus cortesanas saludan a la gente por altoparlantes y arrojan los frutos típicos de su departamento: uvas, manzanas, peras, ciruelas y hasta melones.

Al día siguiente, alrededor de las 9, se da inicio al “Carrusel”, que parte desde la entrada del Parque General San Martín. Además de los carruajes, se suman granaderos a caballo, gauchos a caballo y a pie con sus trajes típicos, sulkis, grupos religiosos y asociaciones de distintas colectividades, entre otros.

Por la noche, el anfiteatro Franc Romero Day es el epicentro de la gran fiesta. Al caer el sol, una imponente columna de autos, camionetas y ómnibus se dirige hacia allí para poder, con tiempo, elegir un buen lugar donde estacionar para estar cómodos y no perderse nada.

Alrededor de las 20 horas, el escenario se llena de luces y colores, mientras en escena cientos de bailarines representan con su arte distintos momentos de la vendimia.

La imagen de la Virgen de la Carrodilla está omnipresente en cada rincón del anfiteatro y no faltan los espectáculos que, por supuesto, cuentan con la presencia de los Trovadores de Cuyo, emblemático grupo folklórico mendocino.

Poco antes de la medianoche y culminados los distintos eventos culturales, la voz del locutor se llena de orgullo cuando comienza el conteo de los votos que cada reina acumuló. Finalmente, llena de emoción, surge entre el puñado de jóvenes la más bella de todas: la Reina Nacional de la Vendimia. En ese instante, se quiebra el silencio, los aplausos ensordecen, los fuegos artificiales iluminan los cerros y se hace el pase de banda y corona.

Así termina la fiesta máxima de los trabajadores que hacen posible que el gran vino argentino llegue a todas partes del mundo y, también, hasta sus manos; un programa imperdible que un enófilo debe presenciar y experimentar al menos una vez en su vida.

 

[issuu layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Flight%2Flayout.xml showflipbtn=true autoflip=true autofliptime=6000 documentid=110502191307-be0f14762ca54aafac92bf9dfad22084 docname=ligier_04 username=VinotecaLigier loadinginfotext=Imagine%2004 showhtmllink=true tag=absolut width=300 height=212 unit=px]